14 de febrero

Historias de vida

Distritos

Del centro de jubilados al altar: cómo un día cualquiera unió a Adriana y a Aldo para siempre

Tras cuatro meses de compañía y cariño eligieron unir sus vidas en el CMD Villa Hortensia, rodeados de familiares y amistades.

Un día cualquiera puede cambiarte la vida. Para Aldo y Adriana, ese día llegó en un centro de jubilados, entre el trabajo, la solidaridad y el cuidado del otro.

Adriana es enfermera de vocación y de corazón. Durante años dedicó su vida a cuidar a los demás, muchas veces dejando su propio tiempo en segundo plano. Aldo había quedado solo tras la pérdida de su esposa y concurría al Centro de Jubilados y Pensionados Amistad. Un día, mientras almorzaba, Aldo se descompuso y Adriana lo asistió.

Ese gesto sencillo y solidario fue el inicio de una historia que les cambiaría la vida para siempre. Y así comenzaron a escribir la suya.

“Empezamos a conocernos de a poco. Primero una amistad sincera, después el cariño, y finalmente el amor. Nos sentimos muy acompañados, muy contenidos. Nos cuidamos en lo más importante: la salud, la familia, el trabajo. Somos muy compañeros”, contó Adriana, emocionada.

Aldo lo dijo con palabras simples y profundas: “Yo no me siento viejo. No creo que una persona grande tenga que quedarse sola. Encontré una mujer extraordinaria, trabajadora, solidaria, buena. Me volvió a dar ganas de compartir la vida”.

Después de solo cuatro meses de conocerse, decidieron formalizar su amor por convicción. “Queremos que las cosas estén bien, que ninguno tenga problemas el día de mañana. Cuidarnos también es eso”, explicó Aldo.

Sí, quiero

El viernes 23 de enero de 2026, en el Distrito Norte Villa Hortensia (Warnes 1917), dijeron "sí, quiero". No fue solo un trámite. Fue una celebración cargada de emoción, abrazos y gratitud. “Si ella habla, yo lloro. La felicidad es muy grande, no solo por mí, sino por ella”, confesó Aldo.

Adriana recuerda su vida marcada por el trabajo: guardias interminables, traslados, cuidados intensivos, responsabilidades. “No tenía tiempo para una vida social. Recién ahora puedo sentarme a disfrutar de las cosas simples. Hoy siento que la vida me está devolviendo mucho”.

El Ave María, cantado por un vecino y amigo, selló una ceremonia íntima y profunda, rodeada de familiares, amigos, afectos y agradecimientos. “Estamos muy agradecidos por el apoyo, por quienes nos acompañaron y por quienes nos conectaron en este camino”, expresaron.

La historia de Aldo y Adriana es un mensaje claro y necesario: nunca es tarde para amar, para volver a elegir, para no quedarse solo. El amor, cuando llega, no pregunta la edad. Solo pide ser cuidado.

Centro Municipal de Distrito Norte "Villa Hortensia"

WARNES IGNACIO 1917

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